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lunes, 1 de abril de 2013

Érase una encomienda... (Carta abierta a Liberty Express)



Nunca había tenido la intención de comprar nada en Amazon. Primero, me parecía arriesgado –venezolano al fin que desconfía de todo y de todos- eso de estar colocando a un tercero números de tarjetas y otros datos. Segundo… ¿qué compraba?

Pero tras mucho escuchar experiencias felices de otros, decidí en mala hora destinar los míseros 400 dólares que el DESgobierno de mi país te da para hacer compras electrónicas. Porque, ojo, Venezuela es un país libre… hasta que se hable de dólares, o del propio Gobierno, o de educación, o de salud… en fin.

Mi primera sorpresa fue encontrarme con productos que, al cambio oficial, resultaban ser ridículamente económicos. Como carajito en bodega comencé a comprar tablets, juegos de video, equipos electrónicos y todo cuanto me alcanzara con los 400 dólares. Al final me restaron 50 dólares que decidí dejarlo para esperar a ver, que salía a mediados de año.

Al preguntar sobre cuál servicio era recomendable para que se hicieran cargo del traslado desde Estados Unidos hasta Venezuela, los amigos no dudaron en recomendarme uno “bueno y barato”, Liberty Express (LE).

En ese instante debí haber intuido dos cosas. Primero, en este mundo no existe nada “bueno y barato”. Lo bueno es costoso, porque está hecho con más calidad, más detalle y hasta más cariño. Poniendo un ejemplo práctico, no es igual una “masajista” que te cobre Bs. 300 la hora, a otra de Bs. 2.000. ¿Me explico?
Y lo segundo es que si yo presto un servicio “express”, no necesito decirlo en mi nombre comercial. McDonald’s tiene las mejores papas fritas y no se llama “McPapa’s”. Principio básico del comercio, si lo tiene en su nombre, no lo tiene en su servicio.

En dos días le fue entregada mi encomienda a LE. Ahí comenzó mi vía crucis, porque la asignación de guía tardó aproximadamente un mes. La excusa del momento fue que tenían muchos paquetes en la sucursal de Miami. Vale decir, una incapacidad manifiesta para manejar el volumen de clientes que tienen.

Luego me ilusioné cuando el estatus de mi encomienda cambió a “Traslado a Venezuela”. Sentía que ya la tablet la tenía en mis manos. Pero tenía que esperar porque pasara por la aduana de Maiquetía. Y hasta ahí llegó la historia.

Desde el 31 de enero, hasta hoy que escribo este correo, no ha salido de Maiquetía. Al menos eso me dice LE, cuyo único contacto que puedo realizar con ellos es a través de una muy triste página de Intranet. Los centro de ¿atención? telefónica, no los atienden. Les escribí un correo y no me respondieron, los insulto por Twitter y ni un RT.

Definitivamente se olvidaron de mi encomienda.

Comencé a hacer teorías. Desde las más optimistas, como que simplemente estaba en la receptoría y no habían actualizado su página. Hasta otras más rebuscadas, como que dentro de la urna de Chávez no estaba el Comandante, sino mis tablets y mis videojuegos, o que los trasladaban en el avión de Jenny Rivera.

De hecho esto es lo último que hago por reclamarle a LE mi encomienda. Ya estoy cansado, no tengo energías para decirle lo mucho que les deseo una diarrea con hipo a todos sus trabajadores, que son el non-plus ultra de la incompetencia y el mal servicio.

Escribo en nombre de los cientos que todas las mañanas se levantan, encienden su computadora para chequear la página de LE y encuentra su encomienda en el mismo estatus. A aquellos que depositaron su confianza en unos estafadores. A los que como yo, sueñan con un país mejor, libre de cupos Cadivi, y de empresas como Liberty Express.