Nunca había tenido la intención
de comprar nada en Amazon. Primero, me parecía arriesgado –venezolano al fin
que desconfía de todo y de todos- eso de estar colocando a un tercero números
de tarjetas y otros datos. Segundo… ¿qué compraba?
Pero tras mucho escuchar
experiencias felices de otros, decidí en mala hora destinar los míseros 400
dólares que el DESgobierno de mi país te da para hacer compras electrónicas.
Porque, ojo, Venezuela es un país libre… hasta que se hable de dólares, o del
propio Gobierno, o de educación, o de salud… en fin.
Mi primera sorpresa fue
encontrarme con productos que, al cambio oficial, resultaban ser ridículamente
económicos. Como carajito en bodega comencé a comprar tablets, juegos de video,
equipos electrónicos y todo cuanto me alcanzara con los 400 dólares. Al final
me restaron 50 dólares que decidí dejarlo para esperar a ver, que salía a
mediados de año.
Al preguntar sobre cuál servicio
era recomendable para que se hicieran cargo del traslado desde Estados Unidos
hasta Venezuela, los amigos no dudaron en recomendarme uno “bueno y barato”,
Liberty Express (LE).
En ese instante debí haber
intuido dos cosas. Primero, en este mundo no existe nada “bueno y barato”. Lo
bueno es costoso, porque está hecho con más calidad, más detalle y hasta más
cariño. Poniendo un ejemplo práctico, no es igual una “masajista” que te cobre Bs.
300 la hora, a otra de Bs. 2.000. ¿Me explico?
Y lo segundo es que si yo presto
un servicio “express”, no necesito decirlo en mi nombre comercial. McDonald’s
tiene las mejores papas fritas y no se llama “McPapa’s”. Principio básico del
comercio, si lo tiene en su nombre, no lo tiene en su servicio.
En dos días le fue entregada mi
encomienda a LE. Ahí comenzó mi vía crucis, porque la asignación de guía tardó
aproximadamente un mes. La excusa del momento fue que tenían muchos paquetes en
la sucursal de Miami. Vale decir, una incapacidad manifiesta para manejar el
volumen de clientes que tienen.
Luego me ilusioné cuando el
estatus de mi encomienda cambió a “Traslado a Venezuela”. Sentía que ya la
tablet la tenía en mis manos. Pero tenía que esperar porque pasara por la
aduana de Maiquetía. Y hasta ahí llegó la historia.
Desde el 31 de enero, hasta hoy
que escribo este correo, no ha salido de Maiquetía. Al menos eso me dice LE,
cuyo único contacto que puedo realizar con ellos es a través de una muy triste
página de Intranet. Los centro de ¿atención? telefónica, no los atienden. Les
escribí un correo y no me respondieron, los insulto por Twitter y ni un RT.
Definitivamente se olvidaron de
mi encomienda.
Comencé a hacer teorías. Desde
las más optimistas, como que simplemente estaba en la receptoría y no habían
actualizado su página. Hasta otras más rebuscadas, como que dentro de la urna
de Chávez no estaba el Comandante, sino mis tablets y mis videojuegos, o que
los trasladaban en el avión de Jenny Rivera.
De hecho esto es lo último que
hago por reclamarle a LE mi encomienda. Ya estoy cansado, no tengo energías
para decirle lo mucho que les deseo una diarrea con hipo a todos sus
trabajadores, que son el non-plus ultra
de la incompetencia y el mal servicio.
Escribo en nombre de los cientos
que todas las mañanas se levantan, encienden su computadora para chequear la
página de LE y encuentra su encomienda en el mismo estatus. A aquellos que
depositaron su confianza en unos estafadores. A los que como yo, sueñan con un
país mejor, libre de cupos Cadivi, y de empresas como Liberty Express.
